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Pueden ser físicos, psicológicos y sociales. A pesar de la gran variabilidad interindividual existente durante el envejecimiento (de manera que a medida que las personas envejecen aumentan las diferencias entre ellas en el funcionamiento psicológico, fisiológico o social), se pueden extraer algunas características comunes al grupo de edad de las personas mayores, siempre y cuando se tenga en cuenta que estos cambios no tienen por qué aparecer en el mismo momento ni con la misma intensidad en todas las personas mayores.

¿Cuáles son los cambios físicos asociados al envejecimiento?

Estos cambios pueden observarse tanto en la apariencia física (pelo, cara), como a nivel orgánico por ejemplo en el sistema cardiovascular (cambios estructurales, pérdida de elasticidad) y a nivel sensorial (vista, oído). Algunos de estos cambios pueden afectar de formas diferentes a cómo se actúa ante determinadas situaciones.

Además, estos cambios pueden tener importantes efectos negativos sobre la calidad de vida de las personas mayores, así como sobre su autoestima (valor personal, competencia, que una persona asocia a la imagen que tiene de sí mismo), su autoeficacia (creencia de una persona acerca de su capacidad para llevar a cabo con éxito la conducta necesaria para conseguir unos resultados concretos) y su autoconcepto (conjunto de imágenes, pensamientos y sentimientos que una persona tiene sobre sí misma). El resultado negativo de estos cambios se debe a la comparación entre la apariencia actual y la que tenían cuando eran más jóvenes, pudiendo provocar estados de ánimo negativos.

¿Qué cambios, asociados al envejecimiento, se producen en la movilidad?

  • Mayor dificultad para desplazarse.
  • Dificultad para realizar acciones, como coger objetos, levantarse de la silla, caminar de un sitio a otro.
  • Atrofia muscular que afecta tanto al número como al tamaño de las fibras; aparentemente eso es condicionado por desórdenes metabólicos intrínsecos y por desnervación funcional (disminución del impulso nervioso que mantiene el tono muscular).
  • Cambios degenerativos en ligamentos, tejidos periarticulares y cartílago.
  • Engrosamiento sinovial.
  • Opacidad del cartílago, aparición de erosiones superficiales, degeneración mucoide, formación de quistes y calcificación.

¿A qué se deben los cambios en la movilidad?

 

Se deben a los cambios que se producen a su vez en huesos, músculos y articulaciones.

  • Músculos:
    • Disminución de la fuerza muscular, especialmente en las extremidades inferiores. Esto se produce a su vez debido a:
      • Pérdida de masa muscular.
      • Atrofia de las fibras musculares.
  • Huesos:
    • Menor densidad y fuerza de los huesos.
    • Más porosos, más quebradizos y más frágiles (osteoporosis), obre todo en mujeres.
    • Pérdida de masa ósea.
    • Estos cambios se producen a su vez por:
  • Pérdida de calcio.
  • Factores genéticos.
  • Factores hormonales (menopausia en mujeres).
  • Factores exógenos como, hábitos de inactividad física, consumo de tabaco y/o alcohol, mala alimentación.
  • Género: estos cambios se producen sobre todo en mujeres.
  • Articulaciones:
    • Menor eficiencia de las mismas.
    • Degeneración de los cartílagos.
    • Estos cambios pueden ser debidos a:
  • Pérdida de estructuras que componen las articulaciones (tendones, ligamentos, cartílagos).
  • Erosión de la envoltura protectora de los extremos de los huesos (cartílago).

¿Qué consecuencias tienen estos cambios?

  • Mayor probabilidad de fracturas, especialmente de la cadera.
  • Dependencia, puesto que la rotura de huesos tiene una curación más lenta y consecuencias más graves en personas mayores.
  • Movilidad dolorosa, debida, entre otras cosas, a la degeneración del cartílago que provoca que el roce de los huesos produzca dolor y rigidez.
  • Dificultad en la realización de las actividades de la vida diaria, para el mantenimiento de su autonomía, así como actividades placenteras, pudiendo influir esta dificultad de forma negativa en la adaptación psicológica de la persona mayor y en su sensación de bienestar.
  • Si a la dificultad de movimiento se le une una pérdida sensorial o problemas psicológicos o neurológicos, esto puede aumentar la probabilidad de caídas (especialmente en mujeres) provocando dependencia como consecuencia.
  • Baja autoestima y aumento de la probabilidad de estado de ánimo negativo.
  • Pérdida de masa muscular.
  • Predisposición a calambres musculares.
  • Predisposición para el desarrollo de hernias tanto intra como extraabdominales.
  • Debilidad muscular.
  • Limitación en el rango y velocidad del movimiento corporal.
  • Disminución de la estatura.
  • Disminución de la elasticidad y resistencia de las articulaciones.
  • Rigidez articular y predisposición al dolor.
  • Disminución en la confianza y seguridad para la actividad.
  • Dificultad para la realización de tareas, especialmente si se complica por un defecto visual no compensado.

¿Qué se puede hacer ante estos cambios?

Ejercicio físico (de resistencia, equilibrio, etc.) para mantener o restablecer la movilidad, para compensar la pérdida ósea, para fomentar la flexibilidad, para el fortalecimiento de los músculos, minimizar el riesgo de caídas, etc. Suplementos de vitaminas.

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