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Amada mía:
El motivo de escribirte esta carta didáctica es para informarte mis sentimientos bio-psico-sociales y afectivos hacía ti.
Paso todo el día pensando en ti: ¿qué será lo que percibe tu vista periférica? ¿qué impulsos eléctricos dominan tu cerebro? ¿qué soñarás?
Quisiera ser la sangre sin oxígeno que corre por tus venas, la glucosa que alimenta tus órganos, quisiera ser la sangre oxigenada que corre por tus arterias.
En mi macrociclo de la vida estabas tú, en el lugar más privilegiado, por encima de todos los principios biológicos y metodológicos de la enseñanza de la vida.
Hasta esta sesión, estabas presente, ahora tu sedentarismo es mi compañía, sin ti, los objetivos de mis microciclos no tienen sentido y mi metodología es inútil.
La periodización de mi vida no tiene intervalos de recuperación, no duermo por las noches, pensando en aquellos recuerdos, cuando nos lactizábamos juntos y nos entregábamos en aquellos ejercicios anaeróbicos de corta duración,
en todos los estiramientos que compartimos…

Cuando llegue al stady state y nivele nuevamente mi vida, tendré que buscar otro carril en la pista de la vida, aunque sé que habrá obstáculos, vallas y rigas que saltar y la carrera de impulso es dura, al final cruzaré la meta, aunque lastimosamente no serás tú quien me releve.
Tu partida ha sido un golpe muy duro, ni los tatamis más suaves han podido soportar el peso de mis caídas.
El aire se me hace muy denso, el ácido láctico es mayor, los ejercicios aeróbicos se me hacen eternos, mis músculos no se estiran y mi velocidad de reacción ya es muy lenta.
Nosotros dos éramos tan unidos y complementarios como patada y brazada. Nos deslizábamos por el agua haciendo un combinado de emociones y sentimientos. Sin ti, mi tiempo sencillamente es mayor.
Utilizaré todas las técnicas para volver a nuestra posición original, tan alineados como éramos antes, así como nuestros guiones de tantos encuentros que tuvimos.
Trataré por medio de todos mis recursos y materiales de recuperar esas sesiones que no hemos trabajado juntos.
Lucharé incansablemente ante los desgarres y otras lesiones, todo por estar junto a ti; lucharé para que nuestro amor hipertrofie nuevamente y se vea reflejado en nuestra didáctica.
Quizá te fuiste por no entender mi metodología de amarte, seguramente no te expuse mis objetivos claramente desde el principio, y no planteaba bien mis acciones con respecto al tiempo o quizá mi forma de evaluarte no fue la adecuada y no lo hice por competencias.
Reconozco mis errores: no te traté de acuerdo a la caracterización de tu edad. No supe reconocer que estábamos en una zona de desarrollo próximo y no pude llevarte hasta ella.
Pudimos pasar todavía mejores momentos juntos. Desde que te fuiste mi régimen alimenticio se desordenó y tengo un déficit de energía en mis actividades.
Los médicos no encuentran el motivo. No tengo tiempo extra para deprimirme. Guardo esperanzas para desempatar con mi falta de alegría.
Sé que te veré pronto, aunque sea en la banca, pero saber que en el presente no puedo verte, me golpea más duro que cualquier barrida que me puedan hacer.
Sé que por el momento estoy fuera de la liga, pero como te lo repito, mi esperanza no muere. Aunque sea por repechaje pero estoy seguro de encontrarte algún día.
Cuantos recuerdos llegan a mi mente: grasa quemada, músculos elongados, nuestras caminatas aeróbicas por la playa. Siempre estuviste para mí, siendo mi antagonista: cuando contraía el bíceps, tu relajabas el tríceps.
Éramos el uno para el otro.
Me despido diciéndote que anhelo el momento de volverte a ver, aunque sea cada ciclo olímpico o en cualquier ciudad del mundo.
Sé que defenderé el título de ser tuyo.
Por siempre tuyo,
Cooper Cournavette

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