Prohibir deporte no es castigo

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Muchos padres prohíben a sus hijos concurrir al club a practicar y/o jugar cuando el rendimiento escolar es pobre. Sin embargo, en varias ocasiones no parece ser la solución.
”Se acabó el básquet hasta que no levantes esas materias”. “Tiempo para picar la pelotita sí tenés, pero para sentarte a estudiar nunca…“. Si usted cree que estas frases fueron creadas ayer por padres innovadores en los métodos para incrementar las notas en la escuela de los chicos, se equivoca. Generaciones de jóvenes deportistas, niños y adolescentes han cortado intermitentemente su práctica del básquetbol en función de cómo les iba en el colegio.

El ciclo funciona, generalmente, de esta manera: comienza el año lectivo, y coincidentemente la temporada deportiva. Hasta ahí todo bien. El problema empieza cuando en las primeras pruebas, el joven trae malas notas. “Listo, no vas más a básquet hasta que levantes todas”. Primera interrupción en la práctica deportiva. Vuelve al club, cuando fruto de “ponerse las pilas con el estudio”, levanta el promedio.
Al tiempo, con las siguientes evaluaciones, nuevamente con la agenda compartida entre deporte y escolaridad, las notas decaen. “Pero vos sos o te hacés, otra vez lo mismo. Listo, otra vez lo mismo: no más básquet”. Y así sucesivamente durante todo el año.

 

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La evidencia de observar numerosos casos como éste indica que el rendimiento académico no crece sostenidamente durante el período lectivo, sino que oscila permanentemente, conforme suceden las idas y venidas del joven.

Es interesante hacer una lectura con respecto a esta situación, que se presenta muy a menudo en la mayoría de las familias con niños y adolescentes deportistas. Por un lado, está claro que los padres, ante el rendimiento escolar pobre, deben tomar determinaciones al respecto. Por el otro, entender que la actividad “básquetbol” ocupa un lugar muy importante en la vida del joven.
A estas cuestiones se agregan un par de datos no menos trascendentes:
• El principal problema académico que presentan los estudiantes universitarios es la carencia de habilidad en la administración del tiempo de estudio.
• El deporte, como actividad integradora del sujeto, fomenta la adquisición de hábitos personales y sociales, siendo los principales la responsabilidad, el compromiso y la gestión del tiempo propio.
En consecuencia, suponiendo que todos queremos jóvenes comprometidos y responsables, y sabiendo que a esos fines entrenar la administración horaria es muy importante, ya que eso no sólo se reflejará dentro del deporte, sino fuera también, me pregunto: qué hábitos estamos forjando como progenitores en nuestros jóvenes cuando no les permitimos asumir el compromiso personal de ser parte de un equipo, la responsabilidad de intentar cumplir con las tareas requeridas a nivel escolar y deportivo, por el hecho de coartar la práctica del básquetbol cuando las notas son malas, además sabiendo que en un futuro próximo, si ingresa en una carrera universitaria, deberá tener entrenada la capacidad para administrar sus horas.
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En este sentido, bien podría ser una opción que los padres estimulen especialmente al joven a no faltar a ningún entrenamiento ni partido cuando las cosas en la escuela van mal, ya que entender la importancia de los compromisos asumidos, la responsabilidad de las tareas por realizar, y la trascendencia de saber organizar las cargas horarias son aspectos tan importantes como alcanzar el promedio estipulado en geografía o matemática. El mensaje en este sentido se podría trasladar desde el “no vas más a básquet hasta que no levantes las materias”, a uno del tipo “no faltás a básquet hasta que levantes las materias”.
De ninguna manera esta posibilidad tiene el carácter de verdad irrefutable por parte de quien escribe esta columna. Sola-mente es una opinión en virtud de observar lo sucedido en el interior del vínculo padre-hijo deportista alrededor de esta temática, y fundamentalmente las implicancias que suceden en años posteriores cuando ciertos hábitos, en el afán de querer estimularlos, los anestesiamos

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