image_pdfDescargar como PDFimage_print

En el sistema de la educación física, los juegos, en su conjunto, ocupan el lugar principal. Por su configuración consciente y adecuada, contribuyen a la educación de una juventud culta, físicamente sana, vigorosa, progresista en sus concepciones y anhelos. Su gran valor biológico y pedagógico ha convertido los juegos en un medio indispensable para la formación de la personalidad. El hecho de que los juegos, de todos sus tipos, sean apropiados para atraer, entusiasmar y ganar tanto a los jóvenes como a los mayores para su participación activa, radica en gran parte en los mismos juegos.

A causa de la diversidad de formas amenas y variadas, especialmente los juegos físicos, crean alegría y placer. Todo juego es fascinante a causa del desenvolvimiento permanentemente diferente a la situación y a causa de lo incierto de su fin.

La mayoría de los juegos tienen, a causa de la comparación directa, un carácter competitivo, y los juegos físico-deportivos portan en sí la idea competitiva e incitan al máximo esfuerzo. Ofrecen una gran cantidad de posibles movimientos y dentro de los límites de las reglas, permiten siempre acciones motoras libres y decisiones independientes. Además, si se tiene en cuenta que un gran número de juegos se pueden ejecutar bajo las condiciones más sencillas, sin mayores requerimientos, y que muchos juegos se aprenden con relativa facilidad, lo que pronto conduce a la impresión de tener éxito, se comprende su propagación.

Si los juegos se emplean para el ejercicio y esparcimiento del organismo y el espíritu, para la cura o conservación de la salud del organismo y sus funciones, si se les considera apropiados para establecer una relación mucho más profunda entre profesores y alumnos, así como entre los mismos estudiantes, o si sus diferentes clases son apreciadas para contribuir a la formación y educación de sentimientos y normas de conducta morales, en todos estos casos, los juegos cumplen una función pedagógica sumamente importante.

Pero todo ello depende de la respectiva personalidad del educador, de su voluntad y de su capacidad de comprenderse como ser político en toda su actuación, que animado por las ideas del progreso humano, no omite esfuerzos por educar en ese sentido a los jóvenes que le fueron confiados.

Visitas: 2026

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *