Saber mucho de fútbol no garantiza poder enseñar y orientar los entrenamientos de fútbol. Un buen entrenador conoce de fútbol, lo estudia, lo vive y lo transmite.

Julio M. Campos

julio@svdeportes.net

29 de abril de 2021

 

Estas líneas no buscan generar polémica, ni mucho menos criticar a los que se desempeñan en esta labor. Mi respeto y admiración hacia aquellos entrenadores que tienen la firme convicción de ser mejores cada día.

Hoy en día, todas las personas saben de fútbol. Sin menospreciar a nadie, los taxistas, los repartidores de periódicos, vendedores ambulantes, vigilantes, etc., saben de fútbol, y se consideran expertos en el tema. El fanático que “ama la camiseta” sabe de fútbol, el que ha jugado fútbol sabe de fútbol, todos saben de fútbol.

Ese conocimiento, fundamentado por horas viendo partidos, resúmenes y análisis de juegos, hace que todos estén “capacitados” para entrenar o dirigir un equipo, y muchos no desaprovechan esa oportunidad al tenerla enfrente.

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Muchos futbolistas quieren ser entrenadores cuando su vida de jugadores o atletas termina, como si fuera una “salida fácil” o simplemente lo que sobra, menospreciando las funciones de un entrenador. Y es precisamente esas acciones las que dan a entender que cualquier persona puede ser entrenador.

Pero saber mucho de fútbol no garantiza poder enseñar y orientar los entrenamientos de fútbol. Enseñar se define como “Comunicar conocimientos, ideas, experiencias, habilidades o hábitos a una persona que no los tiene” y “Hacer ver de forma práctica, mediante una explicación o una indicación, cómo funciona, se hace o sucede una cosa”. Por otra parte, entrenar significa “Orientar un procedimiento pensado para obtener conocimientos, habilidades y capacidades, especialmente en el deporte”. Para poder llevar a cabo dicho proceso, es necesario, obviamente, conocer y haber experimentado lo que se quiere transmitir. Pero ese conocimiento y dominio del tema es únicamente una parte. Para enseñar hay que saber como se va a transmitir ese conocimiento. Un entrenador que sepa mucho de fútbol, pero no sabe transmitir esos conocimientos, está destinado a fracasar, sobre todo a largo plazo. Saber de fútbol no significa que pueda enseñar fútbol. Un ejemplo claro es el siguiente: Si yo tengo una salud bucal excelente, ¿puedo decir que soy un dentista? ¿confiarían ustedes su salud dejándose tratar por alguien que por tener buena salud cree que puede ser médico? Ciertamente que no. Si replanteamos la pregunta, ¿confiarían su aprendizaje en el fútbol a alguien que es buen jugador?

Todos estos entrenadores empíricos, inconscientemente van a reproducir todo lo bueno que aprendió como jugador, o al menos, lo que consideró bueno. Como proceso lógico, va a reproducir lo mejor de sus entrenadores, imitando la forma de enseñanza, incluso usando muchas veces, sus propias palabras, sin entender el por qué lo aprendió de esa manera, o entendiendo los ejercicios de manera superficial.

Teniendo en cuenta eso, de cierta manera, los entrenadores tienen algo de responsabilidad. Enseñan, dirigen, entrenan, sin tomar en cuenta que muchos de sus estudiantes van a reproducir las enseñanzas en un futuro. Enseñan y entrenan, pero no logran hacer que los jugadores entiendan por qué están aprendiendo lo que están aprendiendo.

Entonces, ¿cómo debe ser un entrenador?

Un buen entrenador conoce de fútbol, lo estudia, lo vive y lo transmite. El entrenador ideal es el que se forma para eso, el que aprende a que más allá de pegarle a la pelota, es saber por qué se le pega, en qué momento se le pega, por qué enviarla hacia una dirección y no otra, cómo se le va a pegar, etc., pero más allá de todo eso, hacer que sus jugadores entiendan eso.

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El entrenador ideal es el que entiende y aplica los principios del entrenamiento, toma en cuenta las características de su equipo, sin dejar de lado la individualidad de cada jugador, es el que planifica y distribuye las cargas adecuadas, aplica metodologías, realiza actividades según la edad de los jugadores, es el que logra mucho con pocos recursos, es el que sigue un proceso metodológico, ordenado, sistemático y pedagógico, es el que evita el sobreentrenamiento.

Un entrenador ideal es integral, es empático, inculca valores, da ejemplo con su conducta, tanto dentro como fuera de la cancha. Es el primero en sobresalir. Todos lo identifican inmediatamente, tiene presencia, denota y demuestra que es el entrenador, desde su aspecto hacia sus acciones, mantiene al equipo funcionando como un verdadero equipo, no solo como un grupo de jugadores.

En entrenador de fútbol tiene más funciones que solo enseñar como jugar. También realiza funciones de psicólogo, sobre todo si el equipo carece de uno, lidia con padres furiosos, trata con árbitros injustos, jugadores indisciplinados y con directivos egoístas. Cumple funciones de padre, madre, hermano mayor, de amigo.

Sin embargo, si pensamos que el entrenador solo es el encargado de hacer funcionar al equipo, estaríamos infravalorando su trabajo al decir que es una tarea fácil y que cualquier persona en cualquier momento puede hacerlo.

Un entrenador debe formarse y capacitarse constantemente en áreas como reglamento, pedagogía y didáctica, métodos de entrenamiento, anatomía y fisiología, biomecánica, planificación deportiva y un largo etcétera.

Entonces, ¿cualquier persona puede ser entrenador? Si. Está demostrado al tener muchos exjugadores y personas que saben un poco de fútbol entrenando equipos – sobre todo de niños – que bien o mal, hacen sus funciones. Pero no cualquiera puede ser un buen entrenador. Una persona promedio no logra ser un buen entrenador, mucho menos, un entrenador ideal.

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No es malo que cualquier persona interesada en el fútbol quiera ser entrenador, pero está en cada uno llegar a ser un entrenador malo, regular, bueno, excelente o ideal. Está en cada uno poner de su parte, esforzarse para instruirse más, para ser mejores, para entender más, para aprender a enseñar de forma más efectiva, a formarse y prepararse, a juntar conocimientos con experiencias y actitudes para educar por medio del fútbol más que hacer que los jugadores anoten goles.

Invito, pues, a todos los que quieren ser entrenadores, y a los que ya lo son, a que sean integrales, preparados y excelentes. Disfruten entrenando, disfruten preparándose, disfruten enseñando. De la misma manera que le ponen pasión al juego, dispongan esa misma pasión – si no es que más – en su preparación.

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